Acabo de incluir mi perfil en una de esas páginas de contactos que tanto han proliferado últimamente. Y estoy deseperada. Siento que me han dado una bofetada en forma de ceros y unos. Malas personas. Solo 5 han visitado mi página, tres han intentado chatear, ninguno me ha escrito un mail y lo peor, niguno ha sentido un flechazo por mí... ¡Pero si es gratis!
Bueno, puede contar que mi anuncio esté en validación y que no se hayan validado tampoco ninguna de las dos fotos que he subido... Me voy a agarrar a esto, porque si no, este domingo ha muerto ya para mí.
Tuve un ciber amigo hace un tiempo. Me acompañó por tres empresas, un noviazgo muy duro y cuatro años, creo, de mi vida. Le echo de menos. Le echo mucho de menos.
Me doy cuente de que tiendo a no querer fijarme en lo que no pasa de manera curiosa. Me encanta sumar, restar y concatenar acontecimeintos, palabras, miradas en mi mente. Adoro imaginar, intentar prevr, adelantarme y fallar, y acertar, en todo lo que podemos englobar dentro de "camino de relaciones". Así es que lo que llega fácil, plano, directo, lo que no sabe a incertidumbre por la mañana, lo anulo, no lo quiero.
Con este amigo me pasó todo lo contrario. Fue pisar una mina y llenar esas mañanas de tedio con risas, con magia. Soñó conmigo sin conocerme, adivinó mi nombre si saber quién era, se metió en mi vida y siempre estaba ahí... Podía saber si su día estaba siendo bueno, si tenía problemas o si el viaje a Sevilla había acabado en sábanas sevillanas... Se estableció un vínculo fuerte que desató él, después de tensarlo, tanto, tanto.
Le echo de menos.
Así es que me lanzo a la magia por internet. En mi supermercado nadie ha ido a coger el mismo producto que yo, en mi trabajo todos tienen demasiados problemas (mujer e hijos, también) y los chicos del gimnasio miran a chicos de su especie, mayormente.
¿Y qué será, será? ¿Aparecerá alguien?
