Una tira en la nariz, dos días absurdos de pijama y reflexión, inseguridad, y no atreverme.
Supongo que el paraíso alguna vez existió, o existe. Aunque no sé si es el final de una rifa en la tómbola donde hay que ir acumulando puntos. Aquí una servidora que ni se droga, ni se alcoholiza, ni se porta mal, ni hago daño a nadie , pues debo estar ya en el aprobado, digo yo. Aunque, o el camino es largo, o está amañado.
Tengo una tira en la nariz y nivea en las piernas.
Así que mañana ya es lunes. Dos días sin orgasmos -provocados por otros- en mi vida, la lista de la compra salpicada de recuerdos... ¿Dónde se me estará yendo toda esta energía? Debe fluir junto a otras. Ahí me la imagino, manida, usada, reutilizada tantas veces que ya no sabe en qué esfera consumirse. Lo que no entiendo es por qué esos momentos de calma disparan en mi mente el proyector de mi pasado.

Claro que, teniendo en cuenta las ansias de mi cuerpo en mi presente, no sé qué es mejor.

Los domingos, es lo que tienen.

PD: Si metes felicidad sale una foto de un bebé que se ríe cuyos ojos son dos rayitas... de felices que son. Eso sí.